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Una maravillosa historia en las entrañas de Zipaquirá

Catedral de Sal reposa en el silencio, esperando que cuando se supere la pandemia vuelvan millones de turistas de todas partes del mundo y visitantes de los cuatro puntos cardinales de Colombia.

Una maravillosa historia en las entranas de Zipaquira3 


ZIPAQUIRÁ, CUNDINAMARCA.


La explotación de la mina de Sal, hoy Primera Maravilla de Colombia, la comenzaron los antiguos indígenas Muiscas, quienes se beneficiaron del yacimiento de sal y se convirtieron en una de las sociedades prehispánicas más prósperas de su tiempo.

 

Esta acumulación salina en medio de la cordillera oriental colombiana se formó hace 70 millones de años cuando aún existía un mar interior que ocupaba toda la región. Al formarse la Cordillera Oriental, ese mar se secó y dejó un enorme depósito de sal sepultado por tierra y barro que se solidificó hasta llegar a la formación de rocas de sal.

 

 

Los españoles la declararon “Ciudad de blancos” por decreto virreinal y posteriormente fue la sal la que financió las campañas libertadoras de Nariño y Bolívar, que llevaron a la independencia de Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, hace más de 200 años.

 

Como una forma de agradecimiento al Creador y la Virgen de Guasá, los mineros construyeron una pequeña capilla, que posteriormente se convirtió en Catedral. Sin embargo, debido a las excavaciones y el peligro para sus visitantes se cerró.

 

En 1995, se inauguró la nueva sede, bajo el Gobierno Nacional de Ernesto Samper Pizano. ara construir esta Catedral, ubicada a 180 metros bajo tierra, se extrajeron 250 mil toneladas de roca sal.

 

Este atractivo subterráneo ha recibido a millones de visitantes de todo el mundo. Mensualmente asistían antes de la pandemia miles de turistas extranjeros y colombianos.

 

 

Su estructura, mezcla de una precisa ingeniería e historia, se declaró la Primera Maravilla de Colombia el 4 de febrero de 2007.

 

Al acceder a la mina se siente el olor mineral y la oscuridad toma posesión de todo. Después, un juego de luces se descubre la roca tallada y los túneles que albergan estaciones del viacrucis. Al final hay acceso a tres naves: la del nacimiento y bautismo, la de la vida y la muerte, y la de la resurrección, cada una con un altar.

 

Cada una de las naves tiene esculturas hermosamente talladas por mineros y escultores entre las cuales se destaca La Piedad, cuyo rostro tiene fuertes rasgos indígenas, en honor a los Muiscas. También están el Ángel Guardián, tallado en 1950 por el escultor italiano Ludovico Consorte, y la enorme cruz del Nártex.

 

Otra de las grandes atracciones es el espejo de agua, anteriormente una salmuera (lugar para la saturación de la sal), cuyos alrededores están iluminados para reflejarse en el agua estática y dar un efecto óptico fascinante que da la impresión de estar nadando en un vacío subterráneo. La mina cuenta con guías bilingües y políglotas, para los turistas extranjeros.

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Cada una de las naves tiene esculturas hermosamente talladas por mineros y escultores entre las cuales se destaca La Piedad, cuyo rostro tiene fuertes rasgos indígenas, en honor a los Muiscas.

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