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UCRONÍAS Y PANDEMIA

 UCRONIAS Y PANDEMIA5

Javier León Duitama.

 

Filósofo Humanista e Historiador.

 

El coronavirus se propagó desde finales del 2019, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo declaró pandemia en marzo 11 de 2020, obligando a la mayoría de los países a decretar el aislamiento obligatorio. Este hecho ha motivado todo tipo de suspicacias. Al respecto, son interesantes las incontables interpretaciones sobre el origen y efectos del covid-19, que en gran parte son especulativas por la limitación de la información disponible. Tan sólo el tiempo rechazará o confirmará las múltiples hipótesis.

 

 

Las conjeturas generadas en torno al coronavirus pueden ser analizadas bajo los conceptos de contrafactual y ucronía. Así, se entiende por contrafactual afirmar hechos o acontecimientos inexistentes, pero que forman parte del universo de lo posible porque pudieron ocurrir, sin embargo, no cuentan con pruebas o evidencias para sustentarlas. Por su parte, ucronía es una narración ficticia diferente a la verdaderamente acontecida, basada en un hecho real. Un ejemplo de esto se encuentra en el capítulo “Historias alternativas” de la serie Love, Death & Robots, que trasladó la muerte de Adolf Hitler a 1908, cuando era joven y asistía a la Academia de Bellas Artes de Viena. Allí fallece de seis posibles formas: en una pelea con judíos, atropellado por una carreta fugitiva llena de salchichas, ahogado en un bloque de gelatina, copulando con cuatro furcias de Viena, aplastado por un meteorito, y en una paradoja espaciotemporal por el contacto con un Hitler del futuro. Cada una de las muertes desarrolla una trama diferente con un final alternativo. En este caso, las muertes de Hitler son contrafácticas, mientras que las historias desplegadas son ucronías.    

 

Mucho de lo que se dice del covid-19 ha sido tramado bajo la sombra de estos conceptos. En cuanto a su origen, las explicaciones son aventuradas y temerarias: un complot chino contra la economía mundial; una guerra biológica entre las potencias mundiales; una creación accidental o intencional del virus para obtener réditos con la medicina; una venganza de la naturaleza contra la humanidad; una gripa común exagerada por científicos y medios de comunicación; un virus controlado por los grandes capitalistas para reducir la población; un experimento social de dominación a través del miedo; el azote de Dios a la humanidad pecadora; el inicio del fin del mundo; y un sinfín de teorías de la conspiración, además de los negacionistas. Todas estas interpretaciones, más allá de lo interesantes que puedan resultar, no pasan de indicios contrafactuales por carecer de evidencias que permitan zanjar una afirmación definitiva sobre su procedencia. 

 

En este mismo sentido, las predicciones sobre el futuro, próximo o remoto, no se han hecho esperar. Los vaticinios transitan el terreno de las ucronías: un nuevo orden mundial promovido por los grandes capitales; un cambio radical de las estructuras sociales; una purificación espiritual de la humanidad; la sustitución del modelo capitalista; la transmutación de los valores occidentales; la fusión definitiva de los humanos con la tecnología digital; y la continuación del mundo tal cual estaba sin modificaciones. Con cada uno de ellos, teniendo en cuenta que es un juego imaginativo, se pueden realizar narrativas que figuren su desarrollo y desenlace.  

 

Con todo, un grupo de filósofos, historiadores y literatos, se han unido a la carrera que pronostica el universo post-coronavirus. La consigna común es que el mundo será otro, pero enfatizan en la empatía y unión a escala global para enfrentar una posible debacle. Desde la perspectiva filosófica, el esloveno Slavoj Žižek sostiene que el virus provocó una solidaridad global: el virus real se encarna metafóricamente en uno ideológico que permite pensar una sociedad alternativa donde el sistema capitalista global es aniquilado, por tanto, esta crisis es una oportunidad para cambios radicales. Por el contrario, el coreano Byung-Chul Han, señala que oriente ha tenido un mejor manejo de la pandemia que occidente, debido a la vigilancia digital, implantada por su sistema político-cultural autoritario, resultante del trabajo conjunto entre virólogos, epidemiólogos, y especialistas en macrodatos e informáticos, que se intensificará tras la crisis. De acuerdo con el filósofo, esto creará una biopolítica digital que controlará activamente a las personas en aspectos como su peso, temperatura, etc., y provocará que países como China promocionen su modelo estatal, potenciando simultáneamente al capitalismo. 

 

 

Por su parte, algunos historiadores han buscado similitudes con las pestes del pasado para disponer de enseñanzas y conclusiones en el presente. Está por ver si son ingenuas por forzar en ocasiones los cálculos. El israelita Yuval Nohah Harari indica que se está viviendo la tercera oleada de extinción humana producto de la actividad industrial: la primera fue con los cazadores y recolectores, y la segunda con los agricultores. También, Neil Howe y William Straus advierten que es el inicio de la última de cuatro generaciones o arquetipos, caracterizada por una fuerte crisis que da comienzo a un nuevo ciclo, repetido en el tiempo, que se aplica particularmente a Estados Unidos, pero extendido al orbe por su influencia mundial.

 

La literatura, tal vez la más clarividente, igualmente ha hecho su apuesta. La escritora Naomi Klein expresa que esta crisis potenciará el poder de los estados junto a los más poderosos, lo cual enriquecerá a las élites y profundizará la desigualdad mediante la implantación de políticas que se hacen ver como necesarias. Pese a esto, en literatura la “peste” no es un tema novedoso. Lo abordaron autores como Guiovanni Boccacio, Tomás Moro, Francis Bacón, Daniel Defoe, Andrzej Szczypiorski, Stephen King, y José Saramago. Pero por su verosimilitud con el presente resalta La Peste de Albert Camus, quien relata cómo la enfermedad tomó sorpresivamente a la población frívola de Orán, ciudad comercial, obligándola a atravesar por estados sicológicos como la sorpresa, el pánico, la reflexión, el egoísmo, y la empatía durante casi diez meses. La moraleja: la peste no modificó en nada el porvenir porque los hombres son siempre los mismos. Una vez finalizada la peste, todas las personas se sintieron liberadas y en medio de la algarabía olvidaron a sus muertos y sufrimientos, retornando a la normalidad.

 

Si se evalúa con rigurosidad éstas y otras posturas, sean ucronías o no, pueden servir como base para las decisiones venideras, sean individuales o colectivas. Agustín de Hipona decía que el pasado y futuro no existen en sí mismos, sino solamente el devenir del presente, pero que el hombre cuenta con instrumentos como la memoria y la expectación útiles para orientar su existencia. Este razonamiento aplicado a la situación actual significa que la lógica, la deducción, y la inferencia, fundadas en datos y estadísticas confiables, deben ser el mejor y más convincente derrotero a seguir por la humanidad para depurar lo especulativo y establecer los hechos.

 

“La consigna común es que el mundo será otro, pero enfatizan en la empatía y unión a escala global para enfrentar una posible debacle”.

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